4.5/5

Francia, 2021, 72 min.
Título original: Petite Maman.
Dirección: Céline Sciamma.
Guion: Céline Sciamma.
Elenco: Joséphine Sanz, Gabrielle Sanz, Margot Abascal, Stephane Varupenne, Nina Meurisse, Florès Cardo, Josée Schuller, Guylène Péan.

Quinto largometraje de la directora francesa Céline Sciamma, que tras su exitoso filme Portrait of a Lady on Fire’ (2019), vuelve a dirigir una cinta protagonizada por gente muy joven, como un sello fílmico de retratar historias de infancia y descubrimiento. ‘Petite Maman’ tuvo un exitoso recorrido por festivales y es reconocida como una de las mejores cintas estrenadas en 2021.

Nelly (Joséphine Sanz), de ocho años, acaba de perder a su abuela materna y lamenta no haberse podido despedir de ella. Junto a su madre (Nina Meurisse) y su padre (Stéphane Varupenne) se trasladan a casa de su abuela en medio del bosque para desocuparla, pero su madre, agobiada y triste por los recuerdos, decide irse. Paseando al otro lado del bosque, Nelly conoce a Marion (Gabrielle Sanz), de su misma edad y muy similar físicamente a ella, con quien desarrollan una linda amistad. Así, Nelly descubre que la casa de su nueva amiga es exactamente igual a la de su abuela, y que Marion no es nada menos que su madre viviendo su infancia junto a su abuela.

La directora, cuya filmografía da cuenta de su excepcional habilidad para el drama juvenil, decide utilizar el recurso de los viajes en el tiempo como un componente fantástico y onírico en lugar de técnico y científico; poco importan las causas de este antinatural desarrollo y sobran las explicaciones, al disponer de este dispositivo narrativo como un detonante de la fantasía de una niña, de la necesidad de conocer a su madre más allá de su rol filial, de empatizar con su carácter, de reconocerse a partir de una conexión que Nelly necesita establecer con su madre. ¿Alguien no querría conocer a su madre cuando era niña? Es la magia de lo imposible.

La puesta en escena y su pulso narrativo es sutil y minimalista, desde su montaje que, sin trampas y algunos breves elipsis, nos traslada entre dos momentos históricos con suma facilidad sin caer en incertidumbres dentro del relato, hasta su contemplativo tono, marcado principalmente por la química e interacción entre las dos niñas protagonistas, quienes sin necesidad de excesivos textos, plasman en escena intuitivas reflexiones acerca de la complicidad, el amor, la amistad y hasta la pérdida, en una entelequia infantil a partir de juegos en el bosque, comidas compartidas y conversaciones secretas marcadas por las miradas y los silencios.

La ausencia absoluta de música incidental en la película (salvo una determinada escena) no es gratuito y constituye un elemento primordial para darle forma a este cuento de hadas sobrenatural, interpretado por las hermanas Joséphine y Gabrielle Sanz, cuya falta de matices interpretativos, lejos de ser un defecto, resultan asertivos para moldear las maduras personalidades de ambas, hijas únicas de gran capacidad reflexiva que se enfrentan, a su manera, al proceso del duelo y del miedo a lo que el futuro les depara, ambas capaces de convertir la frialdad de los espacios y los momentos en cálidos e inocentes recuerdos.

La sencillez de su trama nos permite conectar con rapidez con el desarrollo de la historia y aceptar rápidamente las reglas del juego que la directora nos propone, a pesar de sus escasos pero efectivos 72 minutos de duración. Así, ‘Petite Maman’ se erige como una fábula mágica capaz de hacer realidad un profundo análisis de las relaciones interpersonales, de cómo el paso de los años afecta en nuestra capacidad de expresar y entregar, y en un nuevo gran ejemplo de que la pureza infantil resulta muy evocativa para remover nuestro oxidado y viejo corazón.